A veces creemos que nos las sabemos todas...

 

Seamos francos. En algunos frentes de nuestra vida nos desempeñamos relativamente bien gracias a que nos hemos preparado para ello. Pero en otros, el único recurso con el cual contamos es el sentido común o la intuición y a veces eso no basta. ¿O sí?

 Revise por unos segundos cómo anda su vida de pareja, su nivel de satisfacción laboral y profesional; la relación con sus hijos y su desempeño escolar; también mírese a sí mismo y si ve que algo no anda bien del todo o no ha conseguido aquello que tantas veces se ha propuesto, tómese unos minutos y averigüe qué podemos hacer por usted.

" El fracaso no es siempre debido a un error, puede ser simplemente lo mejor que se pudo hacer bajo las circunstancias. El verdadero error es dejar de tratar. " BFS

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  • Joaquín Páramo

"Haga caso, mijo..."

Actualizado: 14 de nov de 2019



Si su angelito no hace caso, y aun él no llega a los doce años, usted, padre de familia, está a tiempo para introducir algunos cambios en su estilo de crianza. Pero si su retoño ya supera esa edad…el texto abajo no le será del todo útil. Pero no pierda las esperanzas, con otras estrategias valdrá la pena el intento para encausar al muchachito o a la muchachita por el buen camino...de la armonía familiar. Eso sí, va a requerir de paciencia, y persistencia.

Para comenzar este tema vale tener presente los mecanismos que la psicología ha logrado descubrir que hacen que nosotros, los seres humanos, aprendamos cosas.

Uno de estos mecanismos es el aprendizaje por la experiencia directa. Si una persona hace algo y ese algo le produce una consecuencia agradable, eso que hizo la persona tenderá a repetirse. Ahora bien, si ese alguien hace algo y ese algo tiene una consecuencia desagradable, lo que hizo la persona tiende a no aparecer de nuevo. Nótese que hablamos de tendencia, aunque mejor sería hablar de probabilidad. En otras palabras, lo que queremos aclarar con esto es que no en todos los casos se produce el efecto esperado ya sea por las consecuencias positivas de una acción o por eventuales molestias o desagrados que produzcan las acciones.

El segundo mecanismo de aprendizaje es la imitación. Aprendemos, o mejor, somos buena parte de lo que hacemos por haber imitado a otros, especialmente cuando hemos observado que el modelo que seguimos obtiene consecuencias positivas, o negativas según el caso. Este fenómeno es muy notable en la familia cuando los hijos rondan esa edad en la que su madre o su padre son los modelos más inmediatos y valiosos a seguir. Cómo se parece Juanito a su papá o Valentina a su madre (Identidad de género). Los mismos gestos, gustos y ese carácter…salió exacto a …Pero no se entusiasmen. Cuando su hijito va creciendo y se aleja de los doce años más o menos, no se sorprendan si teniendo la oportunidad ven que su amado hijo o hija, su vivo retrato para más señas, se parece mas a uno o más de sus compañeros de colegio ligeramente mayores. Denle gracias al cielo si eso modelos que siguen hacen gala de virtudes. Ah, por cierto, tienen ustedes mucha razón cuando les dicen a sus hijos que escojan con cuidado sus amistades. De pronto eso les funciona, o sea, de pronto sus hijitos les hacen caso. Lo que nos lleva al tercer mecanismo de aprendizaje. El seguimiento de instrucciones: o hacer caso.

Sí, este es el mecanismo que nos hace humanos: siguiendo instrucciones. O mejor, es mediante el lenguaje, característica única de nuestra especie, que ha sido posible lo que somos. Desde nuestra más tierna edad seguimos instrucciones, o reglas; de otro modo no sería posible, mediante la experiencia directa o el aprendizaje por imitación, adquirir toda esa complejidad de lo que hacemos o somos. En pocas palabras, y retomando el título de este artículo, es haciendo caso que logramos ser mayormente lo que somos; ya sea por seguir las instrucciones de nuestros padres, del colegio, de nuestro sitio de trabajo o de la sociedad en general. Pero aterricemos pronto este asunto evitando la tentación de seguir en lo que de esto puede derivarse para el análisis de nuestra cultura con todo lo que eso significa.

Se preguntarán, ¿y por qué nuestro hijo no hace caso? Pero, mejor, buscando pistas, replanteemos de otro modo la pregunta, ¿quién verdaderamente sí sigue instrucciones?

Sigue instrucciones (ojo, también en términos de probabilidad) quien habiéndolas seguido obtiene un efecto positivo o, por el contrario, si quien las sigue se evita una consecuencia aversiva o molesta. En otras palabras, sigue instrucciones más probablemente quien ha tenido una experiencia directa siguiendo instrucciones, (¿Lo han notado? regresamos al primer mecanismo de aprendizaje). De modo que si un día papá o mamá le pide a Juanito o a Valentina que no cruce por ese lado del jardín (o por donde quieran ustedes imaginar), y Juanito o Valentina haciendo caso omiso de su advertencia cruzan por el lugar señalado y se golpean -ojalá con fuerza-, ellos, sus hijitos, probablemente habrán aprendido dos cosas. Primero, que, por ese lugar, por donde pasaron, había un obstáculo peligroso y dos, lo más importante que aprendieron fue: papá (o mamá) tenía razón. En adelante, seguir instrucciones (o hacer caso) será más probable.

De este pequeño ejemplo y de los conceptos que lo sustentan se pueden deducir muchas cosas y, entre ellas, que las instrucciones dadas deben ser lo más precisas o concretas posibles previendo, también en lo posible que de seguir su hijo las instrucciones dadas, signifique para él, obtener una consecuencia inmediata. Pórtate bien para llegar a ser alguien en la vida a nadie y menos a un párvulo, le dice nada; por su ambigüedad o porque las consecuencias son diferidas.

Dicho lo anterior, van a continuación algunas notas para enseñar obediencia a niños pequeños o menores de 12 años.

1. Tener presente que, en lo posible, las instrucciones sean pertinentes; es decir, que su seguimiento verdaderamente se ajuste principalmente a la conveniencia del niño. Por ejemplo, lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes después de las comidas, etc. Al menos mientras cada una de estas o otras conductas equivalentes se conviertan en hábitos. Otras instrucciones, cuyo seguimiento contribuye al funcionamiento general del hogar, deberán ser dadas proporcionalmente al número de integrantes en la familia, al tipo de tarea implicada, su frecuencia, duración de la ejecución, etc.

2. Cuando dé una orden, pida la atención de su hijo, o exíjale que la mire a usted mientras da la instrucción.

3. Minimice cualquier distracción mientras da la instrucción. Por ejemplo, antes de dar la orden, verifique que su hijo no esté concentrado en la TV o en un videojuego. Si este es el caso, acérquese al lugar y pídale primero que interrumpa lo que hace. Si la orden que va a dar no es de vital cumplimiento en ese momento, trate de postergarla un poco para que no riña con lo que, seguramente, le resulta al niño muy gratificante, así evitará conflictos mayores innecesarios.

4. De la instrucción en un tono tranquilo y uniforme, sin gritar; mucho menos amenazar; y tampoco insistir, si el niño se toma mucho tiempo en obedecer. Si algo así le ocurre es porque muy probablemente al niño le ha resultado conveniente tomarse su tiempo y a usted gritar o amenazar.

5. Si hay una historia de desobediencia o que ha requerido de castigos, en forma de gritos o amenazas, es hora de cambiar comenzado con instrucciones muy simples y de fácil cumplimiento. Cuando el niño las cumpla y dentro de un tiempo límite (o sea, con un tiempo de espera no mayor a 7 segundos) dele las gracias y un reconocimiento verbal por haberlo hecho, una sutil caricia, etc.

6. No de instrucciones en forma de pregunta: ¿llevarás los platos a la mesa? ¿Me traerías esa libreta? ¡No! Es mejor: Pasa los platos a la mesa, por favor; Tráeme, por favor, la libreta que tengo sobre mi cama, etc.

7. Si su hijo es muy pequeño, evite darle muchas instrucciones a la vez. Lávate las manos, apaga el televisor, recoge tus juguetes y ponte la piyama, puede, a veces, ser excesivo. Pero si no es el caso, y su hijo puede cumplir con varias órdenes, ayudaría enumerando cada una: hijo, primero, lávate las manos, segundo, apaga el televisor, tercero…etc.

8. Sus instrucciones deben ser claras y precisas. “Pórtate bien” no le dice mucho a su hijo si previamente no se le ha aclarado que “portarse bien” por ejemplo, puede significar, tender la cama, recoger la ropa y los juguetes, etc.

9. Es muy importante estar seguro de que el niño es capaz de realizar la tarea o de seguir la instrucción que se espera de él cuando se le pide. Si no es así, habrá que enseñarle primero, mediante el modelamiento, por ejemplo: “Mira cómo se hace, ahora hazlo tú…”

10. Y quizás lo más importante: Si usted da una orden sobre el cumplimiento de una norma en casa, tenga muy presente que establecer normas requiere de un cuidado especial. (Consulte el documento, Criterios para establecer normas en casa).


Hasta pronto

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