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¿Diagnóstico o prisión? Una aproximación conductual al caso de Noelia (Parte 2).


Ante todo, quiero comenzar esta segunda parte del caso de Noelia, manifestando que no tengo ninguna duda sobre la buena voluntad y el trabajo de buena fe de los profesionales que atendieron a Noelia. De igual manera, podría asegurar que Noelia estuvo acompañada amorosa y diligentemente por sus familiares y amigos. De modo que, para tratar esta parte, he decidido dejar de referirme a Noelia y a su caso tal y como lo reportaron los medios. Para el ejercicio de aproximarnos a lo que puede ocurrir en casos parecidos, y sugerir, aunque de un modo superficial, lo que se puede hacer, he optado por referirme a una persona imaginada a la cual llamaré María. Hoy responderé a la pregunta técnica: ¿De qué manera un individuo brillante acaba "ciego" ante las exigencias de su propia existencia?

¿Qué se puede hacer?

Tesis: Seguir reglas sin bases sólidas insensibiliza a las personas a las contingencias naturales. A María, su diagnóstico le dio resultados inmediatos, como la atención, validación y cuidados. Pero María, con seguridad, no calculó nada de esto, no fue planeado deliberadamente, simplemente le ocurrió por las circunstancias de su historia personal y las de su presente. El apoyo social y familiar comprensiblemente dispuesto para ella, eclipsó la inmersión de María en una vida normal. No es que ella no haya deseado progresar, sino que su conducta dejó de ajustarse a la realidad.

Para introducir esta segunda parte del caso María, debo insistir en que no pretendo agotar el tema y mucho menos hacerles creer que conozco con suficiencia lo que le ocurrió a la citada joven. Lo que diré en esta parte tiene un propósito educativo y reflexivo; trataré de explicar desde la perspectiva del análisis conductual cómo se originó el problema de María o qué lo mantuvo; y lo más importante, qué se pudo haber hecho. De nuevo, es una aproximación hipotética basada en lo que han dicho los medios sobre este caso.

Para comenzar, es necesario señalar que el análisis funcional de la conducta es una corriente psicológica que se sustenta en décadas de evidencia empírica. O, para decirlo de otro modo, es una disciplina basada en investigaciones científicas. Su objeto de estudio es la conducta humana. Se entiende, desde esta perspectiva, que somos lo que hacemos.  La conducta humana se concibe como una interacción funcional (o que depende de lo que se obtiene o evita) entre un organismo y su entorno. Esto significa que el comportamiento no ocurre al azar, sino que es seleccionado y moldeado por sus consecuencias.  Grosso modo: somos lo que hacemos porque, habiendo hecho lo que hacemos, nos ha producido un resultado (consecuencia), ya sea porque obtenemos algo agradable o nos evitamos algo desagradable o molesto.

El estudio científico de la conducta ha llegado a plantear que somos el resultado básicamente, de cuatro mecanismos: 1. El condicionamiento clásico, 2. La acción por consecuencias 3. La imitación y 4. El seguimiento de reglas

Veamos algunos ejemplos de cada uno de estos mecanismos. Supongamos que a un niño se le reprende frente a un grupo de personas con alguna regularidad. Asociar la reprimenda con la presencia de extraños o familiares puede originar una “fobia social” o timidez en el niño y quizás mantenida en su edad adulta.

Sobre el segundo mecanismo, la experiencia directa con resultados o la acción por consecuencias. Cualquier cosa que hagamos —sea esto bueno o malo según nuestro contexto social y cultural— se hará más frecuente, intenso o durará más si produce un efecto o una consecuencia en particular. Si la consecuencia es agradable, tendemos a repetir lo que hicimos; si es desagradable, dejaremos de hacer tal cosa. A esas consecuencias las denominamos reforzadores, o que fortalecen la conducta o que harán que sea más probable en el futuro. Existen reforzadores naturales, como el placer de aprender, una conversación interesante o la satisfacción de terminar una tarea o cumplir una meta.

Y existen reforzadores sociales: como la atención médica o la validación de un diagnóstico.

La imitación es simplemente hacer algo que vimos en otra persona y que le produjo buenos resultados. En nuestra infancia, este mecanismo es fundamental y sigue operando, aunque en menor medida en nuestra edad adulta.

El mecanismo último y más importante, porque explica la mayor parte de lo que hacemos, es el seguimiento de reglas. Una regla describe qué debemos hacer, en qué condiciones y qué podemos obtener si seguimos dicha regla: conseguir algo bueno o evitarnos algo desagradable. No se requiere tener la experiencia directa (mecanismo 2) desagradable de atropellar a alguien, dañar un bien, hacernos daño a nosotros mismos, al carro o todas las anteriores para comprender que ante el semáforo en rojo hay que detenerse.

Dicho lo anterior, quiero destacar que los estudios sobre estos temas han llegado a la conclusión de que lo aprendido siguiendo reglas parece, como ya dijimos, ser la principal fuente de lo que somos. Pero más que esto, subrayar que el seguimiento de reglas es más poderoso o se fija más en nuestro repertorio o en nuestra manera de ser que la experiencia directa con resultados, así implique esta ser más eficaz o lógica que lo que nos dice la regla. Ignorar o no actuar según la experiencia con resultados, aunque parezca la mejor opción desde una perspectiva social conveniente para la persona, es un fenómeno conocido como insensibilidad a las contingencias.

¿Y por qué ocurre esto?

Básicamente, por las siguientes razones:

Economía del aprendizaje. Seguir reglas amplía nuestro aprendizaje; nos evita tener que vivir experiencias con resultados que requerirían tiempo, costos o peligros.

Constante fortalecimiento social: Desde nuestra infancia, la sociedad (padres, maestros, leyes) fortalece de manera sistemática el "hecho de acatar reglas", sin importar la propia regla. Descubrimos que "ser obediente" o "acatar la instrucción" genera efectos positivos (aprobación) o previene efectos negativos (reprimendas).

Ampliación o generalización: Después de aprender que el cumplimiento de normas es efectivo para prevenir dificultades, aplicamos esa táctica en prácticamente todos los aspectos de nuestra vida. La norma se transforma en un "atajo" tan eficaz que dejamos de explorar otras rutas de acción.

Si alguien con autoridad le dice a usted que su depresión viene de su interior, o que algo en su cableado cerebral se ha desajustado permanentemente, o que viene en sus genes, será más económico aceptar esta definición, pues implicará un menor esfuerzo que intentar las acciones que la regla sentenció como inútiles.

La sanción social o el reproche de la gente suele ser más inmediato y seguro que el riesgo físico de la experiencia.

Es posible que, comportándose como enferma, una persona obtenga una serie de beneficios sociales como la atención, los cuidados o miramientos de sus familiares y amigos, por lo que romper la regla de “estar enferma” podría significar perder ese apoyo.

Dicho lo anterior, quizás podamos comprender mejor lo que hipotéticamente le ha pasado a María.

Con este enfoque, podemos entender que el problema surge cuando los reforzadores de la “regla del enfermo” o “tengo un trastorno incurable” son más potentes que los reforzadores de la vida diaria. Para María, seguir la regla de estar enferma es más eficaz, lo cual impide interactuar con el mundo que le ofrece reforzadores naturales. En estas condiciones, la conducta entra en extinción o deja de presentarse, un resultado que suele ser rotulado como apatía o depresión, lo cual no es un síntoma de un origen químico en el cerebro, sino el resultado de un organismo que ha dejado de recibir reforzadores. Siguiendo el curso de nuestra argumentación, una persona no tiene depresión; lo que le ocurre es que se comporta “depresivamente”. Visto así, la solución no es un fármaco; se trata más bien de retomar paulatinamente la vida mientras se va debilitando el poder de la regla diagnóstica.

¿Qué se pudo haber hecho?

Lo que María necesitaba no era la confirmación de su “enfermedad” ni un tratamiento farmacológico. Su recuperación exigía un plan de aproximación conductual, rompiendo el dominio de la regla diagnóstica.  Un proceso largo para debilitar la regla del diagnóstico y volver a sensibilizar su comportamiento, paso a paso, a los resultados reales de pequeñas alegrías y logros cotidianos de la vida.

La formulación correcta del caso y, derivado de ello, el plan de tratamiento, sería la labor a seguir por parte del profesional calificado.


 
 
 

Comentarios


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